El caciquismo ha sido siempre un grave problema nacional en España que impedía la modernización y el progreso del país desde el punto de vista político. Derivado de la palabra de origen americano "cacique", referida a la persona que por razones políticas ejercía una gran influencia en un pueblo, comarca o provincia, el caciquismo se convirtió, como ha escrito Raymond Carr, en un término que condenaba globalmente al régimen de la Restauración ya que desvirtuaba el funcionamiento normal de la democracia representativa y su pieza básica que era el sufragio.
La centralización política y administrativa impuesta tras la instauración del liberalismo en el siglo XIX hizo de la figura del gobernador civil la pieza clave de la que disponían los ministros de la Gobernación durante los procesos electorales. Durante la Restauración, el arranque del proceso era el "encasillado", es decir, la asignación de los distritos electorales a los candidatos. La dificultad estribaba en el hecho de que la formación de una mayoría debía ser compatible con el respeto a las minorías de la oposición y con el arraigo que algunos políticos tenían en sus distritos electorales gracias a las gestiones y favores realizados.
La crítica de Costa, y de todo el republicanismo y el socialismo, responsabilizando a la Monarquía del cáncer moral y político del caciquismo, escondía el hecho de que el fenómeno se había desarrollado de forma natural en un país cuyo electorado se encontraba desmovilizado por razones del atraso económico, del aislamiento geográfico secular y el localismo de la sociedad española, y de las enormes cifras de analfabetismo e incultura de la población. En ese sentido sería más lógico considerar el caciquismo como fruto de las condiciones del país antes que como una imposición gratuita del poder central.
La población buscaba en el cacique local, o provincial, al intermediario que lograse resolver sus demandas, que se interesase por los problemas de la que muchas veces era su localidad natal, y que les protegiese con su influencia en la capital, o en Madrid, de los requerimientos del Estado liberal en materia de quintas, impuestos o leyes.
La pirámide caciquil arrancaba desde los ayuntamientos, cuyos concejales y alcaldes eran el primer escalón para las demandas ciudadanas y para los favores políticos.
Lamentablemente todavía abundan los caciques en España....
La centralización política y administrativa impuesta tras la instauración del liberalismo en el siglo XIX hizo de la figura del gobernador civil la pieza clave de la que disponían los ministros de la Gobernación durante los procesos electorales. Durante la Restauración, el arranque del proceso era el "encasillado", es decir, la asignación de los distritos electorales a los candidatos. La dificultad estribaba en el hecho de que la formación de una mayoría debía ser compatible con el respeto a las minorías de la oposición y con el arraigo que algunos políticos tenían en sus distritos electorales gracias a las gestiones y favores realizados.
La crítica de Costa, y de todo el republicanismo y el socialismo, responsabilizando a la Monarquía del cáncer moral y político del caciquismo, escondía el hecho de que el fenómeno se había desarrollado de forma natural en un país cuyo electorado se encontraba desmovilizado por razones del atraso económico, del aislamiento geográfico secular y el localismo de la sociedad española, y de las enormes cifras de analfabetismo e incultura de la población. En ese sentido sería más lógico considerar el caciquismo como fruto de las condiciones del país antes que como una imposición gratuita del poder central.
La población buscaba en el cacique local, o provincial, al intermediario que lograse resolver sus demandas, que se interesase por los problemas de la que muchas veces era su localidad natal, y que les protegiese con su influencia en la capital, o en Madrid, de los requerimientos del Estado liberal en materia de quintas, impuestos o leyes.
La pirámide caciquil arrancaba desde los ayuntamientos, cuyos concejales y alcaldes eran el primer escalón para las demandas ciudadanas y para los favores políticos.
Lamentablemente todavía abundan los caciques en España....

